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Cerebro-tecnología, ¿matrimonio a la vista?

Cerebro-tecnología, ¿matrimonio a la vista?

Un mono ha sido capaz de controlar un ordenador con su cerebro, para que lo sepáis». Estas palabras las pronunció hace un año Elon Musk, CEO de Tesla entre otros muchos negocios. Cita extraída de la presentación de Neuralink, la empresa que tiene como objetivo conectar el cerebro humano a una máquina.

365 días donde enseñó su ambicioso plan y del que se espera conocer más detalles a finales del mes de agosto. Es la simbiosis total entre inteligencia artificial y ser humano.

Hasta la fecha, la inteligencia artificial ha caminado de forma paralela al ser humano. Sin embargo, «está a punto de provocar cambios radicales en nuestras formas de vivir, como ocurrió en las pasadas revoluciones industriales, con la invención de la imprenta o de la electricidad», apunta Pierre Bourdin, profesor de los Estudios de Informática, Multimedia y Telecomunicación de la Universitat Oberta de Cataluña (UOC).

No obstante, la inteligencia artificial y la humana solo comparten la palabra inteligencia, son dos conceptos diferentes. La primera es una organización bien estructura de datos, funciona con algoritmos preprogramados y es todo orden.

La humana es todo lo contrario: caos, imprevisible y en constante adaptación. Pero, el punto de encuentro cada vez es más cercano. «En el futuro es probable que haya una fusión del hombre con las máquinas», reconoce Bourdin.

Neurotecnología, el camino

«Ya existen tecnologías para conectar el sistema nervioso a las máquinas. Obviamente, aunque muy avanzadas, estas siguen siendo muy «primitivas» y la complejidad del problema sigue siendo enorme. Pero es un sector en evolución rápida y probablemente veamos mejoras muy significativas en pocos años», relata el profesor de los Estudios de Informática, Multimedia y Telecomunicación de la UOC.

En 2004, Nathan Copeland sufrió un accidente de tráfico que le provocó una lesión en la médula espinal. Una década después y con la ayuda de los investigadores de la Universidad de Pittsburg, Copeland, tetrapléjico, consiguió recuperar el tacto y la presión de cualquier objeto.

Gracias a un brazo robótico conectado a su cerebro, el joven estadounidense puede hasta sostener una pelota de golf. A través de una serie de microelectrodos implantados en la corteza somatosensiorial permite al paciente tener una sensación similar al tacto.

Esta es la línea de trabajo que sigue la startup de Musk, Neuralink. El pasado verano anunció el uso de un robot quirúrgico para implantar cables delgados en el cerebro de una persona, conectados a una unidad de procesamiento externa.

El objetivo de la compañía inicialmente es usar su tecnología para ayudar a mitigar los efectos de los trastornos neurológicos en pacientes con graves impactos en la movilidad y otras funciones diarias.

«Que Elon Musk invierta en este sector demuestra que nos encontramos ante una tecnología que está a punto de convertirse en una realidad comercial», destaca Bourdin.

El 28 de agosto es la fecha elegida por el CEO de Neuralink para el gran anuncio, aunque su personalidad le lleva a usar Twitter para dejar pistas. Musk asegura que la tecnología de la startup permitirá escuchar música directamente en el cerebro; los chips se encargarían de traducir lo que el móvil reproduce a señales reconocibles por el cerebro.

«En la actualidad ya convivimos con interfaces cerebro-máquina y cerebro-ordenador, es decir, elementos tecnológicos que facilitan la comunicación directa entre el cerebro y un dispositivo externo», argumenta Bourdin.

Además, el fundador de Tesla vuelve a hablar de simbiosis con la inteligencia artificial, un paso más allá de la ciencia ficción para convertirse en realidad y ayudar en el día a día de las personas.

La pregunta que ahora queda en el aire, ¿se podrá hackear un cerebro? «Yo tengo una opinión muy positiva sobre las neurotecnologías y creo que es imprescindible desarrollarlas para poder ayudar a pacientes con enfermedades neurológicas o mentales. Pero las mismas herramientas se pueden usar para bien o para mal», respondió Rafael Yuste, director del Centro de Neurotecnología de la Universidad de Columbia en Nueva York en 2019 a la BBC.

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